
✍️ Opinión
Por Melitón Lozano
Los mexicanos somos herederos de una riqueza cultural invaluable, tenemos una reserva de valores cuyo origen se encuentra en las antiguas civilizaciones que florecieron en nuestro territorio, lo que nos da una identidad como sociedad honesta, trabajadora y fraterna.
La faena tiene raíces culturales profundas basada en una concepción comunitaria de la tierra, que se expresa en el principio de ayuda mutua conocido como la mano, que consiste en invitar a otras personas de la comunidad a realizar labores, con el compromiso de devolver la mano cuando fuese requerida. Gracias a estos valores de trabajo colectivo, solidario y fraterno, hemos podido enfrentar terremotos, inundaciones, epidemias y otras tragedias.
Es importante concebir que una tradición (entendida como recreación) puede progresar o degenerar. Las prácticas de la faena, tequio y mayordomía, son expresiones de participación comunitaria solidaria, que se han visto disminuidas en muchos lugares por el impacto de otros valores que coexisten en las comunidades, producto de un sistema neoliberal que ha generado un hiper-Individualismo gradual, basado en el principio de primacía moral de las personas frente a las exigencias de cualquier colectividad social. Por suerte, las comunidades indígenas y campesinas, han sabido fagocitar las prácticas neoliberales y mantener vigente su cosmovisión de participación comunitaria.
Un ejemplo destacado e inspirador de la faena, lo encontramos en la experiencia del Che Guevara, hombre revolucionario que, siendo ministro de industria, impulsó el trabajo voluntario cada domingo. El trabajo físico junto a la clase obrera representaba un ejemplo insustituible de labor mano a mano por sacar adelante su país.
El trabajo dominical junto al Che, se había convertido en una motivación para todos y un estímulo emblemático de incuestionable valor subjetivo, solo por el honor revolucionario de haber compartido el esfuerzo con él.
Las jornadas significaban mucho mas que un simple esfuerzo extra en beneficio de la sociedad, tenían un sentido educativo que contagiaba a las familias.
La experiencia creció tanto que para continuar estimulando a los ciudadanos se instauró el programa denominado “Diploma de 240 horas”, las cuales se debían realizar durante un semestre y si lograban la meta, recibían el diploma firmado por el Che. Al final del semestre, varias personas tenían que trabajar noches completas para llegar a su objetivo. Por supuesto, el Che siempre obtuvo su diploma y lo recibía con satisfacción y sano orgullo ante el deber cumplido.
De esta manera, el Che Guevara iba modelando y materializando su concepción de hombre nuevo, un ser humano con altos valores morales capaz de implicarse en las actividades necesarias para el avance de la sociedad que se quería construir, resultante de un sistema de valores, donde lo determinante surge de lo colectivo.
Hoy día, el humanismo mexicano concibe que la unidad básica de la sociedad democrática, no es el individuo sino la comunidad, y que los individuos se socializan dentro de un contexto histórico y social, el cual les proporciona una identidad colectiva: la ciudadanía.
Resulta esperanzador que nuestra presidenta Claudia Sheinbaum Pardo , esté impulsando acciones en esta dirección, un ejemplo de ello, son los senderos de paz, propuesta que hizo a todos los presidentes y presidentas municipales de nuestro país.
Nuestro gobernador Alejandro Armenta, siempre de la mano con nuestra presidenta, está promoviendo ya dichos senderos de paz a través de la faena, el tequio y la mayordomía, como un modo de incentivar la participación comunitaria en todo el estado. Una muestra, son las faenas realizadas en todas las entradas colindantes de puebla con otros estados, y ha hecho un llamado para que cada uno en su terruño, por amor a Puebla, acondicione los alrededores e interiores de escuelas, hospitales, entradas de los pueblos, entre otros. Nuestro gobernador, en toda su trayectoria siempre ha cultivado la faena, y ahora la ha instaurado como un pilar fundamental del gobierno que representa.
En palabras de Dussel, “Es momento de arremangarse la camisa, sacarse los zapatos, entrar a ensuciarse y ampollarse las manos junto al pueblo”. Ese es el liderazgo obediencial que se requiere, espíritu fundante de la cuarta transformación.




