
Cumple el IMSS seis días en terapia intensiva
Por Josél Moctezuma
El Instituto Mexicano del Seguro Social no está en huelga, sino en terapia intensiva. Hoy cumple su sexto día con el monitor sonando y el personal de base parado en las calles porque el tratamiento que le ofrecen es homeopático: ciento ochenta pesos extras a la quincena.
Van cinco días seguidos de marchas y plantones en 12 estados y alrededor de veinte exigencias justas soslayadas. Este martes la manifestación es en Puebla.
El miércoles, la consulta en 670 unidades electorales. Los trabajadores no piden el oro del mundo, apenas 10% directo al salario tabular, abasto real de medicamentos e insumos, más personal y la destitución de Rafael Olivos, secretario general del SNTSS.

El detonante fue el incremento global de 6.8% que ya había avalado el congreso del sindicato; 2.9% al sueldo base y 3.9% en prestaciones, unos 180 pesos a la quincena. En la práctica es una limosna disfrazada de conquista.

Los trabajadores de la salud enfrentaron la pandemia, costó vidas y hoy el gobierno federal les ofrece un incremento salarian de 180 pesos. ¡Injusto!
Zoé Robledo, director general del IMSS, responde con el protocolo de siempre: respeto formal a las marchas, fe en el diálogo y el anuncio de que equipos directivos recorrerán piso por piso los 277 hospitales de segundo y tercer nivel “para escuchar a la base”.
Cuando le preguntan si el IMSS tiene capacidad financiera para ofrecer más del 2.9% la respuesta es la evasiva perfecta: “El instituto contestará en función del resultado de la consulta del miércoles”.
Evasivo, también, aclara que regresar al Régimen de Jubilaciones y Pensiones requiere cambios legales que no le corresponden. Y defiende con cifras de nacimientos, cirugías y consultas, que los servicios no se han detenido.
Como si el problema fuera de volumen y no de calidad, de dignidad y de abasto.
Lo interesante —y lo más peligroso— es que la consulta del 14 no es solo salarial. También se vota la destitución de Olivos y la convocatoria a un congreso nacional extraordinario. Hay dos conflictos en uno: el de los trabajadores contra el gobierno y el de la base contra su propia cúpula. El sindicato que debería pelear por ellos terminó avalando un incremento que ellos mismos consideran insuficiente. No es la primera vez.
El IMSS está en agonía; escasean medicamentos; falta personal, el que hay está sobreexplotado y mal pagado. Aparatos para estudios también en pésimo estado.
Mientras, las clínicas y hospitales se caen a pedazos y los líderes sindicales no pasan las mismas privaciones.
La imagen es brutal: lujos para la dirigencia, abandono para el derechohabiente y para el trabajador que da la cara todos los días.
Y aquí viene la pregunta que nadie quiere contestar con claridad: ¿a dónde va todo el dinero que se cobra por la cuota de la seguridad social, esa que supera los veinticuatro mil pesos anuales por cada derechohabiente? Porque si el instituto cobra, si el gobierno presume números y si los trabajadores siguen en la calle pidiendo lo mínimo para trabajar con dignidad, entonces alguien tiene que explicar porqué el paciente sigue en terapia intensiva mientras se discute si se le sube o no el sueldo.
El miércoles se vota, no solo un porcentaje, también si el IMSS sigue siendo un botín o vuelve a ser un servicio.
Se vota si la base manda o si la cúpula sigue firmando en su nombre.
Se vota, en el fondo, si este país todavía cree que la salud de los mexicanos merece más que un comunicado de respeto y una promesa de “escuchar”.
El monitor sigue sonando; el personal de base ya no está dispuesto a seguir apretando el botón de silencio.
Nos leemos pronto.
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