
*Dr. Benigno Romano Romano
La Salud Mental en la 4 T.
La Organización Mundial de la Salud (OMS), define a la salud mental como “Un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”. La clave para evitar trastornos mentales se remite al ámbito educativo, a la prevención, razón por la cual es necesaria una evaluación real de los programas tanto de la secretaría de Salud y de Educación Pública.
En 2023 la Cámara de Diputados señalo que en México hay un atraso de más de 30 años en materia de salud mental, tendríamos que traducir qué implica en el terreno de los hechos, por ejemplo, hablar de prevención del suicidio, adicciones, ansiedad, depresión, violencia, políticas públicas, etc. todo lo señalado en diferentes rubros tales como la prevención, intervención, detección temprana, entre otras actividades.
Sin embargo, a nivel mundial, México es de los países que menos invierte comparado con otros países, pero hay un vínculo relevante en el gobierno de la 4T, justo es que su política se centra en el “Humanismo”, con ello, lo que se espera no solo es impactar a través de sus políticas públicas para atender el fenómeno de los trastornos mentales, parte de los retos que no pueden esperar por las tendencias en algunos casos escandalosos, por ejemplo, según el INEGI el año pasado, a nivel nacional se registraron más de 9 mil suicidios, en Puebla poco más de 400, el incremento de consumo de cristal en jóvenes, los índices de violencia, los registros de ansiedad y depresión sin duda ponen en jaque a cualquier país, entonces, la pregunta es ¿por dónde empezamos?
Tal vez, los esfuerzos federales, estatales y municipales se quedan en buenas intenciones, pues no se ve una estrategia organizada que brinde esperanza de mejorar en algún rubro, los cambios solo reflejan que se está trabajando, pero no se está dimensionado el problema al que se enfrenta.
Resulta preocupante el abandono por poco más 30 de años de la salud mental en nuestro país, estamos hablando de que durante todo ese tiempo ha aumentado el número de personas agobiadas por la ansiedad, depresión, angustia y miedo, lo que afecta totalmente su calidad de vida, pero, además, este desinterés de la autoridad se traduce en mayor incidencia de violencia y adicciones.
Es momento de que las instituciones como las universidades, educación y salud se apliquen de verdad y generen alternativas de solución, de lo contrario las tendencias de todos los trastornos que azotan a la juventud mexicana van hacer caóticos, tratar de organizar esfuerzos entre los 3 niveles de gobierno para garantizar acciones eficientes.
Es necesario revisar si los programas existentes, son los adecuados o simplemente están rebasados por la coyuntura actual, en caso de ser eficientes se pueden compartir con la finalidad de disminuir adicciones, suicidios, violencia y la disfunción familiar. Una evaluación a las dependencias antes mencionadas en términos de seguimiento a estos trastornos que tanto nos dañan socialmente se ha vuelto urgente.
En 2009 la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) hizo un llamado a todas las universidades del país para que revisen sus mapas curriculares con el propósito de generar estrategias de intervención sobre todo en el rubro de la prevención, analizar su operación y determinar si tienen la metodología adecuada para mejorar sus resultados es un tema pendiente.
Reflexionemos pues, al estilo Paulo Friere, quien subrayó que “reflexionar” implicaba cambio conductual, de lo contrario, solo se está pensando o se analiza, pero no se reflexiona, justo porque no hay cambios. Este gran reto puede ser una gran oportunidad para el gobierno de la 4T. hasta la próxima.
Director del Centro Estatal de Salud Mental de Servicios de Salud del IMSS-Bienestar Y Catedrático en la Universidad Pedagógica Nacional Unidad 211 Puebla.



