
Josél Moctezuma | Noticias con Moctezuma
El gobierno federal no ha encontrado, en nueve años, ni el presupuesto ni la voluntad para autorizar una clínica nueva en Escape de Lagunillas. Pero el IMSS sí ha encontrado, cada año, la manera de seguir cobrando la cuota de aseguramiento a los trabajadores cañeros y obreros de la región: 24 mil pesos por trabajador.
La clínica no se construye. El pago no se perdona. Ahí está, sin metáfora que
lo suavice, el tamaño del agravio: se le exige a la gente cumplir con su obligación ante un servicio que el Estado se niega a cumplir con ellos.
Este sábado 19 de septiembre se cumplen nueve años del sismo que sacudió el sur de Puebla con epicentro entre Pilcaya y Chiautla de Tapia: un movimiento de magnitud 7.1 quedejó muertos, heridos, templos derrumbados, escuelas inhabitables, viviendas convertidas en escombro y, en la mixteca poblana, un sistema de salud que nunca volvió a ponerse de pie.
La clínica que se quedó en ruinas
La Unidad de Medicina Familiar número 32 del IMSS, en Escape de Lagunillas, municipio de Chietla, colapsó ese mismo día. No quedó dañada: quedó destruida. Y ahí empezó.otra cuenta, paralela a la del sismo: la del abandono. Nueve años del terremoto son también nueve años de promesas incumplidas por parte del gobierno federal y del propio Instituto Mexicano del Seguro Social, que tuvieron presupuesto, programas y discurso de reconstrucción para otras obras, pero nunca voluntad para levantar de nuevo esta clínica.
3,285 días en un local prestado
Mientras el expediente de la reconstrucción se empolvaba en algún escritorio, la comunidadresolvió lo que la autoridad no quiso resolver: prestó un local ejidal para quela atención médica no se detuviera del todo. Ese espacio, pensado como una solución de emergencia, cumple este sábado exactamente 3,285 días —nueve años— funcionando como clínica improvisada. Ahí, en unos cuantos metros cuadrados, más de 4 mil 500 derechohabientes de más de 35 municipios de la mixteca poblana reciben la única atención del IMSS a su alcance. En una región donde la distancia se mide en horas de camino y la salud no espera, cada kilómetro demás es un riesgo, y cada día de retraso institucional se paga con algo más caro que dinero.
El silencio que también es responsabilidad
Pero el reclamo no debería recaer solo en el IMSS y en la federación. En nueve años, ni los líderes cañeros —con presencia e influencia en toda esa franja cañera de la
mixteca—, ni las dirigencias del sindicalismo obrero, ni las representaciones magisteriales de la región han levantado la voz de manera sostenida por esta causa.
Son estructuras con capacidad de interlocución, con bases sociales
numerosas, con historial de movilización cuando les conviene. Y sin embargo,
frente a una clínica caída que afecta a niños, mujeres, hombres y adultos
mayores de sus propias comunidades, han optado por la indiferencia.
El abandono institucional se explica por cálculo político; el silencio de quienes debieron ser aliados naturales de esta causa no tiene la misma excusa.
Nueve años no son un accidente
Un edificio puede caer en 32 segundos. Que sigan sin reconstruirlo nueve años después ya no es sismo: es decisión. Es la suma de funcionarios que llegaron y se fueron sin resolver nada, de expedientes que cambiaron de escritorio, de un local ejidal que de “provisional” pasó a ser, en los hechos, permanente.
Este sábado, cuando se recuerden los muertos y los daños de aquel 19 de septiembre de 2017, habrá que recordar también esto: en Escape de Lagunillas la tragedia no terminó ese día. Sigue, todos los días, desde hace 3, 285.
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