
Josél Moctezuma
Hay fiestas que las autoridades organizan para convertirse en tragedia; la Huamantlada 2026 fue una de ellas.
La mañana del sábado 22 de agosto no perdonó a quienes bajaron al circuito para desafiar a los toros ni a quienes acudieron únicamente como espectadores; tampoco a los animales utilizados en el espectáculo.
Sangre, alcohol, astas y una batalla campal se mezclaron en una sola jornada que las autoridades de Tlaxcala difícilmente podrán olvidar.
La turista estadounidense que quiso vivir la tradición
Una joven estadounidense de 24 años, radicada en el municipio de Huejotzingo, Puebla, bajó al circuito para vivir de cerca una tradición que hasta entonces había conocido principalmente a través de videos difundidos en redes sociales.
—¡Sálte de ahí, güera! ¡Quítate!—
Los gritos de los asistentes mezclaban risas nerviosas, advertencias y el ánimo de un público acostumbrado a convertir el peligro en espectáculo.
Pero el aviso llegó tarde.
El toro la embistió de frente, la levantó por los aires y la hizo girar sobre sí misma antes de que su cuerpo terminara contra el pavimento.
El animal volvió sobre ella, la revolcó con las astas y, en un último golpe, la lanzó contra uno de los muros de madera que delimitaban el circuito.
Cuando logró levantarse, caminaba entre tropiezos mientras la sangre comenzaba a brotarle profusamente del rostro.
En cuestión de segundos, las porras se transformaron en gritos de angustia.
—¿Viste? ¡El toro le rajó la cara a la gringa!—
La joven tomó una playera que llevaba consigo y la utilizó para contener la hemorragia. Con ambas manos se cubrió la mejilla derecha.
Todavía bajo los efectos de la adrenalina, levantó el brazo y apretó el puño en señal de victoria. Había sobrevivido a la embestida.
El público comenzó a corear:
—¡Torera, torera!
La escena tenía algo de celebración y algo de tragedia. Ella todavía parecía no dimensionar la gravedad de la herida ni la cicatriz que le quedará para toda la vida.
La joven fue trasladada al Hospital General IMSS-Bienestar de Huamantla, donde fue reportada como código verde, es decir, estable y con pronóstico favorable.
Mientras tanto, personal del área de Trabajo Social buscaba establecer contacto con algún familiar o conocido de la mujer dentro del estado.
Mientras, en redes sociales la tragedia ya se había convertido en contenido viral. El video de la cornada comenzó a circular acompañado de burlas y sobrenombres como “la gringa” o “la güera”.
La tragedia, en cuestión de minutos, se convirtió en espectáculo digital.
Juan Manuel Filomeno Herrera, el “vaquero valiente”
Juan Manuel de 29 años y originario de Huamantla, también ingresó al encajonado.
Al saltar al circuito, tropezó y cayó al suelo. En ese instante fue alcanzado por uno de los astados, un animal de más de 400 kilogramos.
La embestida fue brutal.
De acuerdo con los primeros reportes, las heridas provocadas por el toro le perforaron el tórax y uno de sus pulmones, además de ocasionarle lesiones de extrema gravedad en la cabeza.
El animal incluso pasó por encima de su cuerpo, mientras el joven permanecía tendido sobre el asfalto.
En redes sociales comenzaron a llamarlo “el vaquero valiente”.
Pero detrás del apodo estaba una escena mucho menos heroica: la de un hombre gravemente herido que necesitaba atención médica inmediata.
Versiones difundidas después del incidente señalaron que los paramédicos no se encontraban cerca del punto donde ocurrió la embestida.
Cuando finalmente llegaron, colocaron al joven sobre una tabla para retirarlo del circuito. En medio de la emergencia y ante el riesgo de que otro toro los alcanzara, el traslado se complicó y el cuerpo terminó cayendo de la camilla, quedando momentáneamente en posición de cuclillas.
Durante el traslado quedó una huella de sangre de aproximadamente 60 metros sobre el pavimento.
Horas después, familiares confirmaron el fallecimiento de Juan Manuel.
Tenía 29 años. Era padre de un pequeño.
El toro que también agonizó
La tragedia no quedó solo en las víctimas humanas.
Uno de los astados sufrió una grave lesión después de que intentaran sujetarlo con una cuerda.
De acuerdo con las imágenes difundidas, el animal quedó lazado de manera incorrecta y, al tensarse la reata, sufrió la fractura de uno de sus cuernos.
El toro permaneció visiblemente agotado, con la lengua fuera y sangrando de manera constante.
Mientras agonizaba, el espectáculo continuaba.
La multitud seguía alrededor.
La fiesta no se detenía.
La batalla campal: todos contra todos
Y cuando parecía que la jornada ya había mostrado suficiente violencia, llegó otro episodio.
Decenas de asistentes protagonizaron una riña generalizada.
Botellas, golpes, patadas y puñetazos volaron entre hombres y mujeres. Algunos participantes intentaban golpear mientras otros trataban de escapar de la pelea.
Todo quedó registrado en videos que posteriormente comenzaron a circular en redes sociales.
La Huamantlada, que nació como una celebración alrededor de la tradición taurina, terminó en desgracia, ofreciendo imágenes de violencia entre los propios asistentes.
Una fiesta que volvió a cobrar sangre
El alcohol corrió por las calles casi al mismo ritmo que los 21 toros soltados en el circuito.
Pero esta vez la cuenta fue demasiado alta.
Un padre de familia perdió la vida.
Una joven extranjera sobrevivió a una brutal cornada y podría llevar una cicatriz de por vida en el rostro.
Un toro terminó agonizando con el cuerno fracturado.
Y una multitud convirtió la fiesta en una batalla campal.
La Huamantlada 2026 dejó sangre sobre el pavimento, videos que recorrieron las redes sociales y una pregunta que cada año vuelve a aparecer, aunque nadie parece dispuesto a responder:
¿Hasta cuándo?



