
Por: José Luis Moctezuma
Sepultado quedó el dolor pero no la impunidad en Tehuitzingo
El dolor caminó por las calles de Tehuitzingo como una sombra que se negó a abandonar a su gente. Este martes, familiares, amigos y vecinos acompañaron a su última morada a las diez víctimas del multihomicidio ocurrido en la comunidad de Texcalapa, una tragedia que dejó heridas abiertas en el corazón de toda la mixteca poblana.
Entre flores, veladoras, rezos y música de mariachi, centenares de personas avanzaron detrás de los féretros de la familia Torres, desde la Cuarta Sección hasta la parroquia de San Miguel Arcángel y al panteón. Fueron ultimada el pasado 16 de mayo en un rancho de esta calurosa región ubicada a 117 kilómetros de la capital poblana. Los asesinos no dejaron testigos.
Sobre los hombros van cargando los ataudes de sus seres queridos. El rezo es fuerte como el redoble de un tambor antiguo que intenta ahuyentar a la muerte aunque ya entró por la puerta principal.
El silencio de muchos dolientes decía más que cualquier discurso: era un pueblo entero cargando el luto.
Durante el cortejo fúnebre, resguardado por elementos de seguridad, las muestras de dolor se mezclaron con la exigencia de justicia. Tehuitzingo se ubica entre los altos cerros de la tierra mixteca donde sus 36 grados centígrados causan escozor en la piel.
Hay un ataúd pequeño de color blanco. Entre las víctimas se encontraba una bebé de apenas un mes de nacida, este ángel descansa junto a sus padres, todos ellos inocentes en este cobarde ataque que ha marcado la historia en esta tierra de migrantes.
La Fiscalía General del Estado informó que las investigaciones continúan y confirmó la detención de una persona presuntamente relacionada con el caso, aunque extraoficialmente se habla de que ya van tres hombres capturados, el móvil estaría ligado a un conflicto familiar. Sin embargo, en las calles de Texcalapa y Tehuitzingo permanece la misma exigencia: que la justicia no llegue tarde ni se pierda entre el polvo de los expedientes y el eco de la impunidad.
Las flores han caído sobre los ataudes; las trompetas y guitarras acompañan una voz grave que se pierde entre sollozos y una profunda tristeza.
“Si vas al campo donde los muertos reposan ya,
busca mi tumba que ahí solita la encontrarás.
Llévale flores, muchas gardenias y un rosal,
que sean violetas y no me olvides nunca jamás.”…
Nos leemos pronto…
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