
Por Uriel Mendoza
Reportaje | Especial
Código Once
Cada año, cuando llega el tercer viernes de Cuaresma, el pequeño municipio de San Felipe Xochiltepec, en la Mixteca Poblana, deja de ser un pueblo tranquilo para convertirse en un punto de encuentro de fe, tradición y memoria. Miles de feligreses llegan desde distintas comunidades e incluso desde Estados Unidos para venerar al Señor de Tepalcingo, una de las devociones religiosas más importantes del sur de Puebla.
Durante varios días, las calles se llenan de peregrinaciones, música de banda, rezos, cohetes y procesiones que reflejan una tradición que ha sobrevivido por generaciones.

Una devoción con más de dos siglos de historia
La devoción al Señor de Tepalcingo tiene raíces profundas en la historia de la comunidad, que de acuerdo con registros históricos, en 1771 los habitantes indígenas de la región solicitaron permiso para construir una ermita dedicada a la imagen del Señor de las Tres Caídas, lo que daría origen al actual santuario. La construcción concluyó en 1779, año en que fue bendecido oficialmente el templo.
El templo se ubica en el cerro Xochimiotzin, desde donde domina gran parte del paisaje de la región cercana a la laguna de San Juan Epatlán. Su arquitectura barroca y su forma de cruz latina lo convierten en uno de los edificios religiosos más representativos de la zona.
La fiesta principal se celebra cada año el # Tercer Viernes de Cuaresma, una tradición que con el paso del tiempo se transformó en una de las peregrinaciones más importantes del área mixteca poblana.

Un santuario que reúne a miles
Durante la festividad, el santuario del Calvario recibe entre 3 mil y 4 mil visitantes, provenientes de comunidades como #SanSimónCoatepec, #SanFranciscoMitla, #Tepeaca, #SanNicolásZoyapetlayoca y #SanAndrésAzumiatla, entre muchas otras.
Las peregrinaciones llegan caminando, en autobuses o camionetas adornadas con flores, estandartes e imágenes religiosas. Algunas de ellas tienen más de un siglo de antigüedad.
Adolfo Juan Martínez Chino, habitante de la comunidad, explica que la fecha es una de las más esperadas por los pobladores.
“Para nosotros es algo muy grande, muy esperado durante todo el año. Es el pueblo quien se encarga de festejar junto con todos los que vienen a ver la grandeza de nuestro padre Jesús”.
Según los propios organizadores, cada año entre 38 y 42 peregrinaciones llegan al santuario, algunas con tradiciones que se han transmitido por más de 100 años y hasta cuatro generaciones.
La mayoría de los fieles acuden con peticiones muy concretas, salud, trabajo y bienestar para sus familias.
“Teniendo salud y trabajo es suficiente, eso es lo que pide la gente que viene con mucha fe”, comenta Martínez Chino.
Migrantes que regresan a su tierra
La feria también se ha convertido en un momento de reencuentro para los migrantes originarios de Xochiltepec que viven en #EstadosUnidos.
Uno de ellos es Eduardo Medel Corona Vargas, quien viajó desde Los Ángeles acompañado de su familia para participar en la celebración.
“Venimos de Los Ángeles a la feria del Señor de Tepalcingo, en nuestra tierra San Felipe Xochiltepec”.
Para muchos migrantes, regresar al pueblo durante esta fiesta tiene un significado profundamente emocional. Ana Medel, quien vivió décadas en Estados Unidos, explica que la experiencia es difícil de describir.
“Volver es como revivir mi infancia. Ver a tanta gente que no había visto en 30 años me llena de emoción”.
Durante años, su situación migratoria le impidió regresar a México. Hoy, con documentos en regla, pudo reencontrarse con su comunidad.
La fiesta que también se celebra en Estados Unidos
La devoción al Señor de Tepalcingo no se queda únicamente en Puebla. Migrantes originarios de Xochiltepec han llevado esta tradición hasta #LosÁngeles, #California, donde organizan celebraciones cada tercer viernes para mantener viva su fe.
Serafín Castro, uno de los organizadores, explica que todo comenzó como una pequeña reunión entre paisanos.
“Mandamos traer una imagen del Señor de Tepalcingo desde aquí. Empezamos con una pequeña celebración y poco a poco la gente se fue uniendo”.
Actualmente participan organizaciones de migrantes, voluntarios y familias enteras que aportan recursos para organizar la fiesta.
Una emoción que no se puede explicar
Para quienes pasan décadas lejos de su tierra, volver a vivir la feria es una experiencia profundamente conmovedora.
Uno de los visitantes confesó que al entrar nuevamente al pueblo después de casi tres décadas, la emoción lo rebasó.
“Cuando entré al pueblo se me quebró la voz. No pude ni hablar. Es una emoción que no se puede explicar”.
Aunque muchos migrantes ya no pueden regresar por su situación migratoria o por las circunstancias de la vida, la tradición sigue viva.
Cada tercer viernes de Cuaresma, la fe al Señor de Tepalcingo logra lo que pocas cosas pueden, reunir a un pueblo entero, incluso a quienes viven a miles de kilómetros de distancia.
En Xochiltepec, la fiesta no solo es una celebración religiosa, es también un reencuentro con la historia, con la familia y con las raíces.




