
El poder blando y escuelas.
Para tener controlado al pueblo Jenkins empleaba varias tácticas “blandas”, con el propósito de aparecer como hombre magnánimo y compasivo, cuando en realidad sus propósitos eran perversos. Fue un lobo con piel de oveja.
Su estrategia se basaba en la creación de escuelas y hospitales; asimismo, utilizó el deporte como una forma de canalizar la amenaza potencial de exceso de energía de los trabajadores. Creó equipos de beisbol, basquetbol, futbol y vóleibol femenil, el ingenio de Atencingo proporcionaba uniformes y canchas para jugar; también subsidiaba bandas de música, la más conocida era la Orquesta Tropical de Atencingo, con marimbas.
Su táctica también consideraba festivales cívicos y religiosos, para los que Jenkins ofrecía comida, bebida y días libres extras.
El día de la independencia adornaba todas las calles y mandaba a construir figuras monumentales de los héroes; al día siguiente había un partido de beisbol, en la noche un baile y el fin de semana dos días de corridas de toros.
Aprovechándose de la religiosidad
del pueblo, en la fiesta de San José, patrono de la hacienda, había una misa y un baile, carreras de caballo y juegos artificiales, y después otro fin de semana de corridas de toros.
¡Pan y circo para el pueblo!, como se dice coloquialmente.
La táctica preferida de poder blando de Jenkins era la creación de escuelas. A través de ellas inculcaba los valores que él consideraba útiles, los libros de texto exaltaban los logros de los anglosajones, “debemos estudiarla e imitarla” decía Jenkins, es el trabajo duro el que provoca la superación personal; asociaban la cultura indígena con el atraso e inculcaban el clasismo en la sociedad.
Manuel Pérez, “la avispa”, gerente general del ingenio y mano derecha de Jenkins, les decía a los alumnos: “les voy a decir lo que quiero: no quiero profesionales, no quiero contadores, no quiero abogados, no quiero periodistas…lo único que quiero son manos”. Pérez elegía a los niños que tenían 13 ó 14 años, y les decía: “mañana se reportan conmigo en el ingenio, les diré dónde van a trabajar”.
La escuela era útil suministrando chicos que supieran leer, escribir y contar como máquinas, pero desarrollarlos integralmente sería peligroso para la maquinaria de Atencingo.
Pero, a principios de la década de 1930 se produjo un cambio sustancial en la orientación de la educación del país. Recuperando la esencia de la constitución de 1917 y los aportes de Vasconcelos, se remarcó un enfoque de “educación socialista”, un proyecto para quitarle la influencia que el clero tenía sobre las escuelas, pero, sobre todo, para impulsar una educación vinculada a la comunidad,
Se distribuyeron los libros de texto que promovían la revolución social, se contrataron maestros laicos que predicaba la reforma agraria, la educación sexual y otras ideas radicales; otros fomentaban la recuperación de las tierras.
Impulsado por su amigo el arzobispo Vera para rechazar tales afrentas a la “decencia” y al capitalismo, es posible que Jenkins haya acelerado sus esfuerzos al creer que construyendo las escuelas podría aprobar a los maestros.
Me he extendido en este punto para contextualizar y redimensionar el papel tan importante que jugó Lola Campos, al oponerse rotundamente que fuera Jenkins quién enviara a los maestros a las escuelas públicas. Su resistencia dio fruto y logró que se enviaran maestros contratados por la federación a la región, y ello contribuyó a que el pueblo despertara su consciencia social, así como a evitar la manipulación ideológica del cacique.
Complicidad entre el poder político y poder económico
Lola Campos había conseguido una audiencia con el presidente Lázaro Cárdenas, y en dicha reunión explicó la situación de acaparamiento de tierras y el régimen de terror implantado por Jenkins, en ese mismo contexto solicitó tierra para la gente de Chietla y otros vecinos que no tenían tierras arables. Hay que recordar que Cárdenas estaba familiarizado con el valle de Matamoros por un breve periodo como jefe militar de Puebla en 1932, así que conocía el terreno.
El presidente le dijo a Doña Lola que accedería a su petición. En mayo le ordenó al Departamento Agrario que organizara la confiscación y el reparto de 11 300 hectáreas. Jenkins respondió con una estratagema jurídica. Sacaría provecho de un cambio legislativo de 1934, que permitía a los peones acasillados de las haciendas solicitar tierras sobre la misma base que otros campesinos. Para efectuar su plan Jenkins buscó el apoyo de Maximino Ávila Camacho, gobernador de Puebla, y Blas Chumacero, líder de la FROC (Federación Revolucionaria de Obreros y Campesinos). Este trío fue a interceptar a Cárdenas hasta Veracruz, quien venía de una gira por Yucatán, y lo convencieron del derecho de los peones acasillados de Atencingo.
En julio, Cárdenas emitió una suspensión de su orden de embargo. El presidente encargó a Maximino que determinara como se dividiría Atencingo. Además, Maximino, Chumacero y Jenkins propusieron que las tierras se convirtieran en un ejido colectivo, dedicado al cultivo de la caña, evitando con esto entregar las tierras a los agraristas. Así es como se explica el hecho de que la mayor parte de tierras fuera entregada a los amigos y capataces cercanos a Jenkins.
En una ceremonia del 20 de diciembre de 1937, Maximino dio a los peones de Atencingo posesión provisional de su ejido de 8 500 hectáreas, que más tarde Cárdenas otorgaría la posesión definitiva de las tierras a los 2043 miembros de la sociedad cooperativa ejidal de Atencingo y anexas. Manuel Pérez, el gerente, tenía derecho a seleccionar al administrador de la organización. Al final Jenkins seguía manejando todo, fijaba precios y ponía todas las condiciones. La peor implicación, fue que la constitución legal del ejido, obstruyó el avance en la recuperación de tierras por Lola y sus agraristas.
Utilizando el aparato del estado giran orden de aprehensión para Dolores y ella al tener conocimiento, pide amparo para librarse de ser aprehendida y se aclare su inocencia. Pero nada de esto valió, pues el 25 de agosto de 1939 fue sitiada en su casa por más de 70 federales, y con su amparo en la mano se le hizo prisionera y fue conducida a Puebla. Estuvo en el sótano de la penitenciaria varios días sin alimento, hasta que por una orden de cateo promovida por su hija la encontraron muy enferma, en ese tiempo ya tenía sesenta y un años de edad; de allí fue conducida a la cárcel de mujeres y al otro día puesta en libertad.
Varios jefes revolucionarios la visitaron, la ayudaron económicamente y no la dejaron regresar a su pueblo porque saben que su vida corría peligro. Sus hijos deciden llevarla a Tepepa, colonia de Cuautla, Morelos, bajo la protección de dos generales Zapatistas. Lola no está contenta de haber abandonado su causa, en el lapso de seis años de estar ausente de su pueblo, va dos veces de paseo, saluda a sus compañeros y les platica que, aunque sus hijos se opongan, ella regresará pronto con ellos.
Jenkins y Pérez se enteran de su intento de regresar y a toda costa tratan de evitarlo. Así fue como el domingo 06 de mayo de 1945, a los 64 años de edad, a las 8:00 de la noche se presentan dos individuos en su pequeño comercio, un estanquillo de madera, a comprar cigarros, y al darse la vuelta para despacharlos, fue acribillada a balazos, muriendo inmediatamente.
Su legado florecería muy pronto pues dejó preparado el camino para que un agrarista joven, Porfirio Jaramillo, organizara la resistencia contra Jenkins al año siguiente.
Hoy sabemos que Lola Campos no murió en aquel asesinato, sino que se sembró en nuestra tierra para inspirarnos a luchar contra la injusticia y la corrupción. Lola nos sigue enseñando que debemos aprender a leer y escribir, pero para terminar con la ignorancia y así construir un mundo más justo y digno. Nuestra caudilla sigue rondando la mixteca a través de la mirada de nuestras abuelas, hijas y nietas que no se dejan sobajar por un sistema históricamente patriarcal y machista.
Recordar a Lola campos es tener la sensación de estar frente a una caudilla, que consigue la adhesión y seguimiento de cientos de hombres y mujeres en pos de la defensa de su derecho a la justicia y a la tierra, ideales heredados de Zapata y encarnados hasta la médula de sus huesos en Lola campos.
¡Somos herederos de la sangre más venerable y admirable de la historia!
¡Somos hijas e hijos de las más valientes mujeres de México!
¡Vivan nuestras antepasadas dignas mixtecas!
¡Viva nuestra historia viva!
Referencias.
Paxman, A. (2017). En busca del señor Jenkins. México: Centro de Investigaciones y Docencia Económicas, A.C.
Espinosa, M. (1980). Zafra de odios, azúcar amargo. Puebla, México: Universidad Autónoma de Puebla.
Womack, J. (2017). Zapata y la Revolución mexicana. México: Fondo de Cultura Económica.




