Josél Moctezuma
¡Amor con amor se paga, presidente López Obrador, el pueblo de Ayoxuxtla te recibe con los brazos abiertos!, eso se podía leer en una lona que fue colgada en lo más alto de dos árboles de guamúchil en la carretera de acceso a este pequeño poblano enclavado en el corazón de la mixteca poblana.
Aquí, entre montaña y montaña el general Emiliano Zapata Salazar “El Caudillo del Sur” rodeado de los revolucionarios pisó Ayoxuxtla para promulgar y firmar el 28 de noviembre de 1911 el Plan de Ayala, 111 años después el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador le hace justicia a este pueblo con la construcción de obras con una inversión de 75 millones de pesos, fue todo un año de intenso trabajo.
Hoy Ayoxuxtla luce moderno, las enormes estructuras metálicas, maderas barnizadas, jardines, miles de metros cuadrados de concreto y fachadas de piedra contrastan con la pobreza de este pueblo que carece de lo más indispensable que es el agua potable, vive del autoconsumo, es decir, de poco maíz y semilla de calabaza que les dejó la escasa temporada de lluvias.
Se reconstruyó la primaria Emiliano Zapata y se edificó una bonita plaza cívica, al igual que la clínica de salud del IMSS, se construyó una plazuela al pie del enorme monumento del general Zapata cabalgando sobre su caballo el As de Oros, mientras que el gobierno estatal rehabilitó la carretera Chiautla de Tapia, entronque a Huehuetlán El Chico hasta llegar a Ayoxuxtla de Zapata para dignificar la vida de uno de los pueblos más pobres en la mixteca poblana.
Ya son las 3:30 de la tarde, el calor es incesante, los asistentes recibimos botellas de agua para hidratarnos mientras el maestro de ceremonias pide despejar el pasillo por donde llegará y caminará el presidente Obrador: “No hay ninguna restricción, todos pueden saludar al presidente, pedimos respeto nada más, pueden acercarse y entregar en su mano alguna petición”.
En la entrada los pobladores siguen llegado con la emoción de poder conocer y saludar a “cabecita de algodón”, como cariñosamente llaman al presidente de México.
Hombres cubren su cabeza con sombreros de ala ancha, mientras que las mujeres utilizan sus rebozos como una sombrilla para atajar un poco los potentes rayos del sol.
Son cuatro filtros de seguridad los que la ayudantía de la secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), antes Estado Mayor Presidencial habilita desde la calle principal hasta la primaria donde se realizó el evento, el acceso fue libre para toda la gente del pueblo.
Los invitados siguen llegando a prisa, escurriendo de sudor, entre sus brazos cargando canastas con fruta, bolsas de pan, quesos, pastel de elote, dulces típicos de la región, todos estos son regalos que el pueblo desea entregar en sus manos al jefe de la nación, y así ocurrió.
El Huapango de Moncayo era la pieza que ambientaba en todas las bocinas del evento.
Dos grupos de maestros que dieron ser comisión de agremiados del SNTE 51 llegaron al evento. Unos buscaron dialogar con el presidente Obrador y entregarle un pliego petitorio para beneficios del magisterio, un segundo grupo se dedicó abuchear al gobernador Miguel Barbosa para de inmediato salir del recinto gritando consignas.
La respuesta del mandatario poblano fue inmediata.
“A ver, a ver, no me intimidan señoritos del SNTE”, afirmó el mandatario Luis Miguel Barbosa
En Ayoxuxtla de Zapata, donde se firmó el Plan de Ayala, que demandaba el derecho de los campesinos a la tierra, el gobernador, solicitó a los maestros dejar sus grillas y no contaminar el evento.
A su regreso de Ayoxuxtla a la Ciudad de México, Andrés Manuel se detuvo a pie de la carretera Huehuetlán – Axochiapan, Morelos para saludar a hombres, mujeres, niños y adultos mayores.
¡Regresa pronto presidente!
¡Es un honor estar con Obrador”.
Eran los coros que los mixtecos cantaban a su despedida al mandatario quien intercambió sonrisas y con su mano derecha decía adiós a quienes lo aguardaron horas para esperarlo a su regreso.














